Relación de amantes

Entre las formas de relación de pareja, la pasión es una de las más peligrosas formas que unen a dos personas que se sienten atraídas, cuya principal fuente de apego, es la intimidad. Forma parte de la vida de estas parejas, la clandestinidad, el deseo desenfrenado y una relación fogosa, donde las relaciones sexuales son extremadamente cargadas de emoción, lujuria y pasión.

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Las relaciones de amantes, no son para nada duraderas, aunque el fuego de la pasión no se apague, no tiene muchas esperanzas de perdurar, mayormente estas relaciones son paralelas a una relación formal, se forma un triángulo amoroso, donde los encuentros furtivos serán el plato principal. Habrá una necesidad de verse, de tener encuentro íntimo, en eso se va a basar esa relación. Cuando ha transcurrido un tiempo suficiente bajo estas condiciones, una de estas cosas:

Cambio de dirección

O la relación cambia de rumbo y se comienza a fomentar otro tipo de lazos, ya no solo de atracción y desenfreno, sino un interés en formalizar, en seguir adelante y hacer vida juntos, o uno de los dos decide terminar con la situación y continuar su camino que antes llevaba o emprender uno nuevo, pero sin esa persona a su lado.

Esta ruptura de la relación de amantes, se debe generalmente a una decisión unilateral, pero cuando se busca la prosecución, ambos acuerdan y se encaminan juntos a lograr unirse más allá de un deseo físico, de una simple atracción.

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Cuando las relaciones de amantes terminan, desatan una serie de emociones en la persona que es dejada, que pueden resultar peligrosas, que se prestan para el conflicto, bien sea con la misma persona que le ha dejado o con algún tercero que entra a formar parte de la vida de la expareja o que ya formaba. Esto se debe a que, quien es dejado por el otro amante, se siente no solo dolido, sino necesitado de continuar con la relación, no es el mismo sentimiento de extrañarse como en un noviazgo.

Una Relación de amantes al final nunca terminan bien, por ello lo mejor que se puede hacer es cortarla lo más antes posible.

Sino una necesidad más biológica que emocional, ese aparte psicológico, incluye la costumbre, a que tenía el cariño, la atención, además de la intimidad y compañía del amante ahora retirado del juego, se niega a aceptar su partida, su mente sigue enfrascada en que debe continuar la situación y no sigue adelante con su vida normal. Esto suele suceder más en las mujeres dejadas por su amante, que en los hombres, aunque los hombres, no están exentos de sufrir esta modalidad de despecho.

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En el caso de las relaciones de amantes que terminan con el compromiso de ambos y el cambio de perspectiva hacia una relación estable, también van a suscitarse una serie de sentimientos encontrados, aunque la pasión sigue formando parte de la vida en esta pareja.

La intensidad, frecuencia y hasta la fogosidad de los encuentros tiende a disminuir, porque ya hay una mayor seguridad de que va a prevalecer el amor y no solo la intimidad. Bastará que pasen algunos días, quizás unos cuantos meses, para determinar qué solución es mejor, si continuar o si fuere el caso, que el haber roto la relación, resultara en un bien para ambos.

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